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Botella al Mar

Una bitácora en español sobre diversos temas de actualidad y cultura. Una botella lanzada a la inmensidad de la Red.

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Lugar: Spain

viernes, enero 21, 2005

Cajón de sastre

Un mes entero sin escribir. Al principio, por Navidades. Luego otros menesteres me han tenido ocupado. Desde luego, esto de las bitácoras requiere una disciplina de hierro. Intentaré mantenerla.

Ha sido un mes extraordinario, y tal vez ello contribuyó a mi silencio. Resulta difícil comentar todo lo que ha sucedido, y a veces apetece tomar distancia de los acontecimientos que se suceden con velocidad de vértigo y cuya importancia última no entendemos.

Está, por supuesto, el tsunami, aterrador, ciego, inconcebible en su indiferencia asesina. Al día que escribo, es habla ya de casi un cuarto de millón de víctimas, más que Hiroshima y Nagasaki juntas. Nuestra respuesta, más allá del estupor, nos lleva a buscar culpables. Siempre hemos necesitado culpables, incluso cuando pensábamos que esos culpables no eran otros que dioses enfurecidos. De alguna forma, saber que hay un culpable racionaliza el desastre, lo convierte en algo tangible, cogniscible. Odiamos el azar, la estupidez brutal de la casualidad fatídica, el acto insensible de una Naturaleza que nos asesina sin siquiera darse cuenta. Curiosa, incongruentemente, la presencia humana --o la antropomorfizada de un Dios-- por más que sea la de un asesino, nos consuela, nos permite dar un sentido, un significado --por descabellado que sea-- a lo que es en realidad una ciega fatalidad. Y, por supuesto, despierta en nosotros sentimientos que la incorpórea e inasible fatalidad no puede despertar: rabia, odio, temor.

Leía yo que el Centro de Prevención de Tsunamis de Hawaii ha recibido cientos de cartas furiosas en las que reprochaban a los responsables no haber alertado a las poblaciones a punto de ser afectadas. En efecto, Indonesia tuvo media hora en la que potencialmente podrían haber saltado las alarmas, salnvado tal vez muchas vidas. India y Ceilán tuvieron, si mal no recuerdo, unas tres horas. Pero los responsables del Centro de Prevención se limitaron a observar e informar burocráticamente a su cadena de mando. Vivirán con la pesadilla de tal vez haber podido hacer más por el resto de sus dias. También se ha comentado la imprevisión de los gobiernos de la zona, que con un par de millones de dólares hubiesen podido crear un sistema de alerta temprana. Los tsunamis ya habían matado cientos de miles de personas cuando Krakatoa, a mediados del siglo XIX. Demasiado lejos para recordarlo. Demasiado insignificante para sociedades que aún han de pensar en problemas más acuciantes. Sólo la satisfacción de necesidades básicas permite a las sociedades modernas pensar en sus riesgos menos frecuentes. Y, por supuesto, ésa es la tragedia eterna del Tercer Mundo, que se traduce invariablemente en que la vida de un ciudadano de esos países tiene un valor insignificante comparada con la vida de un occidental.

Algunos, por supuesto, han sacado tajada culpando a los dioses. O más bien, ya que los dioses actuales son menos caprichosos y sólo reaccionan a los pecados humanos, culpando a las pobres víctimas. Es indignante escuchar a un cardenal o a un imam diciendo con todo su morro que se trata de un castigo divino porque nos hemos portado mal. Que nos hemos olvidado de los preceptos de la Iglesia, dice uno. Que el problema es que se ha olvidado la aplicación de la sharia, dice el otro. Y se quedan más anchos que largos. Yo me pregunto cómo se puede ser --o creer ser-- mensajero de un Dios tan cruel y tan estúpido que tiene que matar doscientas veinte mil personas, de las cuales una proporción enorme son niños, para castigarnos a los demás y hacer que reflexionemos. ¿Cómo pueden dormir estos señores con ese concepto que tienen de su Dios? Un padre que asesinara a alguno de sus hijos para dar una lección a los otros terminaría en la cárcel. Pero lo que entre los humanos es imperdonable, estos señores nos piden que no sólo se lo perdonemos a Dios, sino que nos sintamos culpables del desastre: la lógica pervertida e infame de los comerciantes de miedos, de los mercaderes de lágrimas.

Finalmente, una nota agradable: la solidaridad. Dejando de lado el cinismo de la crítica eterna a la filantropía como bálsamo de malas conciencias, dejando de lado a obervación de que algunos se han apuntado al barco de la solidaridad como una medida de relaciones públicas ante un mundo hostil, es muy posible que nos encontremos ante la primera respuesta globalizada a una tragedia humana, una respuesta sin precedentes en que paree haber alcanzado todo el mundo. Vemos funcionar, finalemnte, una globalización altruista y vislumbramos que, en efecto, tal vez otro mundo sea posible. Lo triste es que sólo lo vislumbremos a costa de tanto dolor.

7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

¡Albricias! Ya empezaba a pensar que había naufragado el blog. Cuando pase esta ola de trabajo tenemos que hablar muy seriamente ;-)

lun. ene. 24, 06:10:00 p. m. CET  
Anonymous Anónimo said...

Siempre se me olvida. El anónimo soy yo.

lun. ene. 24, 06:11:00 p. m. CET  
Anonymous Anónimo said...

:-P Y yo soy Carlos, el palurdo feliz. Obviamente.

lun. ene. 24, 06:11:00 p. m. CET  
Anonymous Anónimo said...

Aquí algo no funciona. Se han perdido tres comentarios. Tampoco es que dijera nada interesante...

Bien hallado, Luis. Cuando pase la ola de trabajo hablamos de cosas serias. Carlos.

lun. ene. 24, 06:53:00 p. m. CET  
Blogger Luis Fernando Areán said...

¡Gracias, Carlos! Espero ser más constante.. y por supuesto, hablamos.

Un abrazo a ti y un beso a tu domadora :-)

P.D. A ver cuándo os pasáis por aquí. Si sólo estamos a tres horas...

mar. ene. 25, 07:06:00 p. m. CET  
Anonymous Anónimo said...

Yo voy cada semana, prácticamente. Eso sí, a trabajar como un burro nada más. Si me hiciera un hueco te llamo. Carlos. (a la primera :-D)

mar. ene. 25, 07:09:00 p. m. CET  
Blogger Ernesto de la Serna said...

Primera visita de un servidor a éste tu blog, y espero que no será la última. Muy interesante tu comentario. Y por cierto, ese "cinismo de la crítica eterna a la filantropía como bálsamo de malas conciencias" suele ser la perfecta excusa para quienes, que los hay, optan por encogerse de hombros y mirar para otro lado, echando balones fuera y culpas a quien toque. Será un bálsamo de malas conciencias, pero al menos se hace algo, que es importante.

Lo dicho, nos iremos viendo por aquí. Saludos.

mié. ene. 26, 10:56:00 a. m. CET  

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