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Botella al Mar

Una bitácora en español sobre diversos temas de actualidad y cultura. Una botella lanzada a la inmensidad de la Red.

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Lugar: Spain

lunes, agosto 01, 2005

Las dos inculturas

Ya hacía notar C.P. Snow la enorme brecha que se abría entre las dos culturas, la científica y la humanista. Señalaba el propio Snow que si bien se le exigía a cualquier persona medianamente educada haber leído Hamlet, el desconocimiento de la Segunda Ley de la Termodinámica se acogía en los selectos círculos de la Academia con total naturalidad, cuando no con vocinglera jactancia. El analfabetismo científico es tan normal y aceptable que una persona culta puede decir barbaridades como “todo es relativo, ya lo dijo Einstein” sin que nadie se llame a escándalo.

Pero algo hemos evolucionado desde los tiempos de C.P. Snow. Ahora ya no basta hacer gala de analfabetismo científico. Ahora también es necesario criticar ferozmente todo lo que tenga un cierto tufillo a ciencia, aunque no venga al caso, sobre todo si uno se ostenta como intelectual de izquierdas.

Y es así como nuevamente las páginas de un diario de circulación nacional se pueblan de vitriolo anticientífico sin que a nadie parezca molestarle demasiado. Esta vez es Maruja Torres la encargada del dudoso honor de abanderar el irracionalismo a la mode, para desesperación de los que creemos firmemente que el compromiso de los intelectuales con la cultura, sobre todo si son de izquierdas, tendría que pasar necesariamente por la defensa de la ciencia.

Porque no sólo es la ciencia cultura, y de la mejor que hemos creado los humanos; es además nuestra mejor defensa contra el oscurantismo y la irracionalidad que tanto se empeñan algunos en imponernos.

Hubo un tiempo en que la izquierda reconocía de forma abrumadora estas cualidades en la ciencia, y se proclamaba su más firme defensora, pero al parecer lo que ahora está de moda es despreciarla muy progre y muy posmodernamente como “sólo un discurso más” no sólo sin valor epistemológico sino francamente malévolo, una pérfida estructura de dominación masculino-occidental pergeñada por el villano establishment para jorobar con ella a los buenos de la peli. Al fin y al cabo, es tan políticamente correcto, tan “in”, tan tope guay, tan, tan…. tan enternecedoramente adolescente asumir implícita o explícitamente el descerebrado silogismo de que

Establishment = subconjunto de todo lo malo malísimo perverso de la muette que en el mundo existe

Ciencia = subconjunto del Establishment;

Ergo, Ciencia = subconjunto de todo lo malo malísimo
perverso de la muette que en el mundo existe.


Desafortunadamente, esto es exactamente lo que hace Maruja Torres cuando habla de que Deep Impact, la sonda que fue disparada contra un cometa, “agrede” el Universo. ¡Agredir el Universo! Qué verbo más presuntuoso, qué verbo más ignorante.

Señora Torres, para su información el Universo se “agrede” a sí mismo trillones de veces todos los días con fenómenos billones de veces más violentos que el simple y trivial choque de dos pequeñísimos cuerpos en órbita solar. ¿Tiene usted idea de la cantidad de meteoritos que bombardean todos los cuerpos celestes, incluyendo la Tierra? ¿De la energía liberada en una tormenta estelar? ¿En el interior de un cuásar? ¿En la colisión de dos galaxias? A juzgar por sus comentarios finales, en los que “el cielo poseía una cualidad de gruta, de refugio plácido y cercano”, me parece que no. Si usted entendiera un ápice de esa astrofísica que tanto parece despreciar, no creo que se le ocurriese el epíteto “plácido” para describir este Universo nuestro de inaudita violencia.

Y por cierto, ¿dónde estaba usted cuando el cometa Shoemaker-Levy 9 “agredió” a Júpiter con una lluvia de fragmentos de más de un kilómetro de diámetro, provocando varias explosiones equivalentes a cientos de bombas nucleares? No recuerdo sus lamentos entonces. ¿Acaso están ellos reservados, en otro ejercicio de maniqueísmo pueril, a los objetos que ostentan una "gigantesca" bandera estadounidense?

Dicen que la ignorancia es temeraria, y Maruja Torres se encarga de ilustrarlo a la perfección en este artículo. Tira de espaldas la densidad de errores científicos en un texto en el que, después de todo, no se habla de ciencia sino tangencialmente. El ya consignado es una perfecta muestra de un ecologismo de corte talibán al que yo no basta con salvar a Gaia, sino que aspira a evitar toda mácula humana en un cosmos de idealizada pureza. Probablemente no existe pensamiento más anticientífico que éste, que no toma en cuenta la escala de los fenómenos, magnificando irracionalmente un pequeño impacto que no ha logrado siquiera cambiar la trayectoria del cometa de forma significativa. Es como quejarse del desaprensivo que "prepotentemente" "agrede" al océano derramando en él una gota de agua embotellada.

Pero con ser clamoroso, como queda dicho, no es el único error científico. Hay uno implícito en llamar Universo al espacio exterior, pensando tal vez con cierta ingenuidad que dicho Universo no incluye a la autora ni a la isla de Mallorca ni a los merenderos horteras de los que nos habla. Porque si a agresiones al Universo vamos, habría que preguntarse si no es igualmente agresivo contra ese Universo la cantidad de roca metamórfica que ha sido extraída a lo largo de los siglos de un sitio llamado Carrara. Me viene a la mente porque precisamente por las fechas en que la señora Torres escribía desde Mallorca lamentándose de no sé qué agresiones mientras observaba las estrellas, yo veía desde la autostrada la montaña “agredida” ancestralmente por los proveedores de los artistas toscanos, y algo me dice que mucha más montaña ha sido “agredida” en Carrara que hielo en el cometa que tanto preocupa a nuestra autora. Ah, pero contra esa “agresión” no sería chic escribir, porque de la misma surgieron obras de arte maravillosas, ¿no?

Continuemos. En el último párrafo se nos dice que no le importa a la autora el origen del Universo, y mucho menos conocerlo a través de un “prepotente impacto” (sic). ¿Sería mucho pedirle a la autora que no confunda el origen del Universo con el del Sistema Solar, fenómenos totalmente distintos? ¿Será que la autora confunde al Sistema Solar con el Universo?

Esta falta de rigor demuestra esa temeridad del analfabetismo científico de la que hablaba yo al principio. Si una persona dijera que no le gustó Hamlet "porque es una novela con mucho diálogo y casi nada de descripciones" (afirmación por cierto real de un estudiante de instituto), la hilaridad ante el paletismo exhibido estaría plenamente justificada. De hecho, sería lógico, después de controladas las convulsiones de la risa, señalarle al perpetrador de la frase la verdad, en mis tiempos incontestable, de que para criticar algo siempre es buena idea conocer lo que se critica. ¿Por qué entonces piensan tantos intelectuales que pueden criticar a la ciencia cuando demostradamente no tienen la más mínima idea de lo que están hablando?

Por supuesto que la Sra. Torres tiene derecho a no interesarse por el origen del Universo. Lo que no es de recibo, a mi juicio, es denostar a los que sí se interesan por tal origen, y colocarlos ante el falso dilema par excellence del debate entre las dos culturas: suponer que o bien uno tiene la sensibilidad para contemplar una noche estrellada y extasiarse ante ella o bien uno es miembro de esa pérfida cultura científica que, en palabras de Keats, destejió el arcoiris.

Keats se equivocó. El arcoiris sigue ahí, tan hermosamente tejido como siempre. Acabo de ver uno bellísimo sobre el Lago Maggiore, en la mágica compañía de mi hijo. La Luna no ha perdido un ápice de belleza porque sepamos que la fuerza gravitacional que ejerce sobre la Tierra es responsable de las mareas. No, no se trata de dos actitudes mentales excluyentes; sólo complementarias. De hecho, todos los astrónomos que conozco logran conjugar las dos cosas, el éxtasis ante la belleza y la pasión por las leyes ocultas que la hacen posible, sin el menor problema. No otra cosa, por cierto, hace un crítico que analiza racionalmente una obra literaria o una sinfonía o una escultura sin por ello perder la emoción estética. Es un profundo milagro del intelecto humano poder funcionar a tantos diversos niveles. Un milagro que confirma la torpeza intelectual de todo maniqueísmo.

En todo caso, me consta que nadie como los astrónomos disfruta y ama una noche estrellada, y que de hecho trabajan activamente para que la contaminación lumínica que sufren nuestras ciudades se reduzca y todos podamos gozar de nuevo de la visión cotidiana de las estrellas.

No puedo terminar sin referirme a otro punto en el texto criticado, uno que me parece particularmente tramposo. En el segundo párrafo Maruja Torres nos dice que el Sr. Bush cree científicamente demostrado que el ser humano desciende de Adán y Eva. Digo tramposa porque es una forma de relacionar a través de la palabra "ciencia" a los pacíficos científicos del JPL de la NASA, cuyas tendencias en política educativa, sean republicanos o demócratas, seguramente está en las antípodas del Sr. Bush, con las retorcidas y delirantes ideas creacionistas de éste. Nada más lejos de la verdad. Bush no cree esos delirios gracias a la ciencia. Todo lo contrario. Lo cree porque lo leyó en la Biblia, que por dogma, según él y sus colegas fundamentalistas, es literalmente verdadera. Ningún científico serio que yo conozca sería capaz de afirmar algo así. Por cierto que me dejo en el tintero por falta de espacio la afirmación de que Bush obliga a las escuelas a enseñar la doctrina, lo cual es rotundamente falso dado que, entre otras cosas, el Gobierno Federal no tiene autoridad ninguna sobre los currículos escolares, no sin preguntarme cómo es posible que un artículo tan corto contenga tantas imprecisiones y falsedades, y si el resto de sus colaboraciones están escritas con tan poco rigor.

Pero volviendo al punto, los científicos del JPL de la NASA están, como digo, en las antípodas del pensamiento del Sr. Bush. Quien si está muy cerca de dicho pensamiento, dado su compartido desprecio por la ciencia, es precisamente la Sra. Torres, imagino que para su horror. En ambas inculturas reluce como una fúnebre luz negra la verdadera prepotencia: la de la ignorancia.

Referencias

C.P. Snow, Las Dos Culturas

Richard Dawkins, Unweaving the Rainbow

21 Comments:

Blogger Su said...

La ignorancia es atrevida, y ponerle adjetivos (de letras, de ciencias) es hacerle un favor...

lun. ago. 01, 07:25:00 p. m. CEST  
Blogger Su said...

Tus ideas ya me las sé, pero no la poesía que empleas para expresarlas... ¿Cómo hay quien osa llamarte plúmbeo? Escribiendo tienes la ligereza del helio...

mar. ago. 02, 11:27:00 p. m. CEST  
Blogger Ismael said...

No la tomemos con Maruja, anda. Ella tiene un dominio del verbo y al menos habitualmente un gracejo que para mí los quisiera. Escribir una columna en Agosto es duro para cualquiera que deba hacerlo.

A mí también me gusta el whisky con mucho helio, je.

mié. ago. 03, 02:10:00 p. m. CEST  
Anonymous Sebastian said...

Yo creo que el verdadero problema de la izquierda no estriba en no haber sabido comprender o aceptar las ideas y los descubrimientos de las ciencias puras (por ejemplo en el apoyo a la investigación con células madre van incluso por delante), sino en su incapacidad para aceptar las conclusiones de la ciencia económica, de mucha mayor importancia para nuestra supervivencia y bienestar.

Aunque pongan a Solbes, Mafo o Sebastián al mando de los asuntos económicos, mientras en los otros ministerios y en las regiones tengan lo que tienen y pacten con quien pactan, hay poca esperanza de que se articule una política económica seria, y, en definitiva, una verdadera política social.

Ese es el talón de Aquiles de la izquierda. Y quizá ese talón lo sea todo.

jue. ago. 04, 03:08:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Bueno, no es que la tome con Maruja, pero reitero que críticas tan pueriles y desinformadas me parecen lamentables.

Un saludo y gracias por tu comentario.

jue. ago. 04, 03:15:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Sebastián:

No estoy en desacuerdo. Sin embargo, desde hace algún tiempo sigo con atención un cierto debate filosófico en el que la izquierda ha tomado la postura irracionalista, sobre todo en Francia y en EE.UU. Si te interesa el tema, te remito al fascinante caso Sokal, del que tal vez escriba algo un día de éstos.

Muchas gracias por tu comentario.

P.D. Tenía un error ortográfico gordísimo en la primera línea. Mea culpa. Corregido.

jue. ago. 04, 03:17:00 p. m. CEST  
Blogger Ernesto de la Serna said...

Gran post, como casi siempre. La verdad es que la Torres suele escribir bien, pero en el caso que refieres, la ha cagado bien cagada. Supongo que más que a la ciencia, lo que ha pretendido es atacar lo que muchos consideran un despilfarro económico, como es invertir un platal en investigar el "espacio exterior" mientras, en nuestro planeta, millones de personas carecen de sus necesidades básicas. No digo que tenga razón ni deje de tenerla, probablemente no sean cosas incompatibles. Pero la postura no sería nueva, al menos ya se la he oído/leído a más gente, habitualmente de izquierdas. ¿Significa que se la suda la ciencia o, más bien, que prioriza otras cosas?

jue. ago. 04, 03:49:00 p. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Por supuesto que el artículo de la Torres es poco riguroso desde el punto de vista científico. No es un texto científico, sino literario. Si intentamos dotar a un texto literario de rigor científico:

a) Probablemente no lo conseguiremos.

b) El resultado será, y siento mentar la soga en casa del ahorcado, PLÚMBEO.

(Si leemos un texto literario como si fuera científico, aunque el texto hable de ciencia, quedaremos, inevitablemente, descontentos. Si leemos un texto científico con interés literario, aunque el texto esté correctamente escrito, también.)

jue. ago. 04, 07:17:00 p. m. CEST  
Anonymous Sebastian said...

¿Eso significa que cuando uno hace literatura puede faltar a la verdad impunemente, aunque su escrito trate de cosas reales y no de las fantasías del autor?.

Porque todo el mundo entiende que, por ejemplo, Tolkien, nos relate las aventuras de un personaje inexistente (hobbit) en un lugar inexistente (la tierra media), pero si Tolkien hubiera hablado, qué se yo, de la marcha política de el Zaire o de la fecundación in vitro, nadie en su sano juicio le habría concedido de buena gana esas licencias "literarias" para inventar que se permitió en "El Señor de los Anillos".

vie. ago. 05, 08:16:00 a. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Sebastián:

La respuesta a tu única pregunta es, me temo, DESDE LUEGO. Cuando uno hace FICCIÓN, aunque sea ficción basada en hechos reales, puede (yo diría que debe) faltar a la verdad, si ello redunda positivamente en la obra. Y desde luego, puede hacerlo IMPUNEMENTE. Castigar a alguien por que lo que dice no se ajuste a un dogma es propio de inquisidores, y censurarlo por la misma razón es propio, claro, de censores.

El texto de Maruja es un texto informal, con un tono decididamente literario, y publicado en el suplemento de un diario de información general. Otro gallo nos cantara, te lo concedo, si hubiera aparecido en una revista científica firmado por un astrofísico. Sería absurdo juzgar un informe de, yo que sé, Hoyle, por su vigor narrativo, aunque se pueda agradecer que haya en él algo de ese vigor.

Tolkien puede desarrollar una ficción partiendo del la situación política del Zaire y alterar la realidad a su antojo, precisamente porque está haciendo FICCIÓN. Fulanito puede escribir una novela FANTÁSTICA que hable de fecundación in vitro y faltar cuanto quiera a la realidad: es una novela FANTÁSTICA. Lo importante es que sea divertida, no que sea rigurosa. No sé, es como criticar a Verne porque, EN REALIDAD, no se pueda viajar al centro de la Tierra.

Sé que la Torres, en este texto, además de hacer literatura, expresa una opinión, y que se puede no estar de acuerdo con esa opinión (yo sólo lo estoy a medias). Pero no censuro su texto por falta de rigor científico. La Torres expresa claramente lo que quiere expresar y lo hace de un modo ameno, con buen pulso. Eso basta y sobra, creo. No está leyendo una tesis doctoral.

vie. ago. 05, 09:56:00 a. m. CEST  
Anonymous Sebastian said...

Hay cosas que no son opinables, esto es, de las que opinan ya solamente los ignorantes. Y ante esto, no hay mejor censura que dar una opinión informada, cosa que ha hecho el autor de este blog, poniendo de manifiesto la falta de rigor del citado escrito. Si esta punición te parece excesiva habrá que aceptar la teoría del flogisto o que el sol gira en torno a la tierra, dado que quienes las refutaron pusieron de manifiesto la ignorancia de quienes les precedieron. A fin de cuentas si la escritora emite una opinión, sea esta pertinente y fundada o no, nosotros tenemos el derecho de réplica, y de opinar de modo diferente. Incluso tenemos el derecho de demostrar, como Luis ha hecho, que esa opinión es prueba de una imperdonable incultura científica.

Ah, por cierto, Julio Verne no escribió contra la ciencia de su momento. La conocía lo suficiente, cosa que a Torres no le pasa.

En cuanto a su valía literaria no voy a entrar a valorarla.

vie. ago. 05, 11:06:00 a. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

(Habrá cosas no opinables, tronco, pero ésta no es una de ellas. Por supuesto que puede uno opinar sobre si el gasto en la carrera espacial está o no justificado. La Torres no está escribiendo contra la ciencia, sino contra determinados actos científicos. Claro que tienes derecho a opinar, nadie te lo niega: eres tú el que se lo niega, explícitamente, a la Torres.)
Personalmete, opino que tirarle un pepino a un cometa, desde el punto de vista científico, es una hazaña incomensurable, desde el punto de vita humano es una acto rentable a largo plazo y desde el punto de vista poético, una marranada. Como matar a Bambi. Todo es cuestión de perspectivas.

sáb. ago. 06, 12:22:00 a. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Me alegra haber provocado un debate. Poco puedo añadir, salvo que estoy de acuerdo con Sebastián. Puedo entender lo que dice Anonymous (por cierto, me encantaría que te identificaras de alguna forma), pero no comulgo con ello. En primer lugar, porque el texto de Maruja Torres no es estrictamente literario, por más que esté escrito con técnicas literarias; es, sobre todo, un texto de opinión, y es muy deseable que dichos textos tengan un rigor ya no digamos científico, sino cuando menos periodístico. El texto falta, como he demostrado, a ese aspecto fundamental, y eso me parece muy grave. Llevo varios meses, tal vez años, criticando esa falta de rigor en opinadores como Federico Jiménez Losantos o César Vidal; no veo por qué habría de hacer una excepción en el caso de Maruja Torres.

Por otro lado, cuando uno falta al rigor en un texto literario, debe hacerlo por alguna poderosa razón diegética. Esto es así porque cualquier falta de rigor implica siempre una reducción en la verosimilitud del texto. Yo no puedo libremente inventar, por ejemplo, que en el cielo se ven dos Lunas, a menos que con ello persiga un fin específico (por ejemplo, hacer caer al lector en la cuenta de que la acción no se desarrolla en la Tierra). Tampoco puedo inventarme que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial, a menos que tenga una buena razón para hacerlo.

En el caso de este texto, me temo que esas razones diegéticas no existen. Lo que sí veo es una clamorosa ignorancia (por ejemplo, cuando se confunde el origen del Universo con el del Sistema Solar) y desprecio hacia la otra cultura, la científica (cuando se afirma que el origen del “Universo” la tiene sin cuidado).

Si lo que quería Maruja Torres era criticar un cierto despilfarro --muy relativo; estas misiones son mucho más baratas que cualquier vuelo de la lanzadera espacial-- podría haberlo dicho. Esa es otra polémica,

sáb. ago. 06, 02:03:00 a. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Aquí hay un error de concepto. No le puedes pedir rigor periodístico a una columna de opinión porque una columna de opinión NO ES un texto periodístico, por más que se publique en un periódico. Las columnas, y créeme que sé de lo que hablo, se encargan a personas ajenas al medio, que ofrecen una mirada no periodística sobre temas de más o menos actualidad. Si la columna se encarga a un técnico, y éste no es el caso, se espera de él algo de rigor, valga la redundancia, técnico. Por ejemplo, a Ramón Buenaventura, que, aunque es escritor, escribe una columna sobre informática, sí se le pide algo de (divertido) rigor. Maruja Torres es escritora, y se le encarga una columna literaria. En ella debe primar la amenidad. La Torres, como cualquier escritor, busca emocionar (en cualquier sentido) al lector, no informarlo.

Cuando el escritor se enfrenta a una columna de opinión debe hacerlo desde una CIERTA ignorancia. No debe saturar el texto con datos (resultaría árido), ni convertirlo en un informe científico. Digamos que el columnista se pone en el lugar del lector de a pie, mira la actualidad, la realidad, y la comenta.

No estoy en desacuerdo con las críticas que hacéis al artículo de la Torres. Las suscribo (casi) una por una. Sólo es que creo que no se debe evaluar el texto desde ese punto de vista (técnico). Jimenez Losantos sí es periodista. Por eso le exigimos (sin éxito) rigor periodístico. César Vidal es historiador. Por eso le exigimos (sin éxito) rigor histórico. Maruja Torres es escritora. Debemos exigirle amenidad, pulcritud literaria, qué se yo, pero no rigor. Que, además, su columna es rigurosa, pues mejor que mejor. Pero eso, en este caso, es secundario.

Nada más. Es un placer discutir con vosotros. Espero seguir haciéndolo mucho tiempo (en un tono, quizá, menos airado).


PD: ¿Y si el escritor quiere imaginar una Tierra con dos lunas o un mundo dominado por Hitler (sería un excelente tema para una novela) por qué no va a hacerlo? El que la historia tenga o no verosimilitud dependerá sólo de su habilidad narrativa. Hay muchas historias rigurosas pero poco verosímiles y hay muchas historias fantásticas que funcionan. Os vais a cargar de un golpe la literatura fantástica. Si os dejo, claro.

sáb. ago. 06, 01:27:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Anonymous, el placer es mutuo. Sin embargo, sigo discrepando. Maruja Torres también se ostenta a sí misma como periodista, e incluso fue corresponsal de guerra en Líbano, y la gran mayoría de sus columnas tienen una clara intención política. De todas formas, si un escritor hablando de hechos reales (como las convicciones creacionistas de Bush) no está utilizando claramente la ironía, tiene la obligación de hacer afirmaciones veraces. Es una cuestión de honestidad intelectual. Lo contrario es hacer demagogia.

P.D. Soy un gran amante de Tolkien. No tengo la menor intención de cargarme su obra. :-D

Creo que no has entendido mi objeción: está perfectamente justificado hablar de dos lunas o de Hitler ganando la guerra... si tiene alguna intencionalidad, algún sentido dentro de la narración. Si no lo tiene, no está justificado. En el caso de este artículo, no veo qué sentido puede tener sostener falsamente que Bush está convencido científicamente del creacionismo.... como no sea para hacer demagogia, que es precisamente lo que hacen FJL o César Vidal.

sáb. ago. 06, 01:47:00 p. m. CEST  
Anonymous absurdo said...

Anonymous, ¿es justificado buscar la emoción mediante la falsedad?. El texto de la Torres por lo que veo lo que busca es convencer de sus tesis al lector mediante esa "emoción" que produce ir en contra de la "horrible" ciencia que todo nos lo destripa, aunque curiosamente muchos de los que lo dicen no tienen demasiados conocimientos científicos, por lo que poco habrán destripado.

Aprovecho para comentar que eso de decir que la ciencia nos lo destripa todo es también un prejuicio, porque en mi opinión, poco puede hacer la ciencia en muchas cuestiones de la vida humanas que aún cuando puedan describir ciertas cuestiones(como el amor reducido a ciertas reacciones químicas), no pueden en toda la medida dar la respuesta que son algunas cuestiones.

dom. ago. 07, 11:06:00 p. m. CEST  
Blogger Remo said...

Interesantísimo post, voto a bríos. Me abono a tu página, con tu permiso.
Un saludo.

mar. ago. 09, 11:56:00 p. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Amigo Absurdo:

Creo que se podría definir la literatura precisamente así: la búsqueda de la emoción a través de la falsedad. En cualquier caso, no creo que en el artículo de Maruja Torres haya falsedad intencionada, sino, en todo caso, cierta, a mi juicio más que disculpable, falta de documentación.

Amigo Luis Fernando (zarzuelero nombre el tuyo, por cierto):

La diferencia entre Maruja y Jiménez Losantos y César Vidal (una de las diferencias) es que ella, al menos en el artículo que comentamos, no miente. En todo caso, se equivoca. Losantos y Vidal son conscientes de que mienten cuando mienten: lo suyo sí es demagogia.
Y es cierto que Maruja FUE periodista, pero Losantos AÚN lo es. La mirada de Maruja en su columna, al menos en esta columna, no es una mirada periodística, sino, valga la expresión, poética, y ya te he comentado lo que me parece lo del cometa desde el punto de vista poético.

En todo caso, insisto, creo que le estamos dando demasiada importancia a los errores de fondo que pueda haber en la columna de Maruja. Es un texto ligero y, por definición, poco documentado. Seguro que ella os daría la razón en todas las objeciones que hacéis al artículo. Sin embargo, no creo que cambiara ni una coma. Insisto: su enfoque es emocional, y no podemos, o no debemos, estropear un texto emocional con acotaciones técnicas.

Si yo digo:

VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS

No debo añadir:

'HIRUNDO RÚSTICA'

Entre paréntesis, por más que ése sea el nombre científico de las oscuras golondrinas. Lo suyo es seguir así:

EN TU BALCÓN SUS NIDOS A POSAR

Aunque se enfaden los ornitólogos.

mié. ago. 10, 06:16:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Se han borrado tres comentarios de una persona cuya clara intención es "reventar" la bitácora, como intenta hacer con otros relacionados con ésta.
En esta bitácora se admiten todo tipo de opiniones y críticas, pero no la mala fe, la patanería, el insulto ni la sociopatía de los acomplejados.

lun. ago. 22, 09:56:00 p. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Estoy con Luis. Aunque resulta obvio que Maruja Torres no estaba haciendo un reportaje del acontecimiento -a Dios gracias- creo que ya está bien de columnistas que, cuando no saben de qué escribir, nos aburren -¡en periódicos de tirada nacional!- con las bondades de su marido o con el artículo que aquí se comenta. A mi juicio, la autora está haciendo honor a su nombre.

dom. ago. 28, 08:19:00 p. m. CEST  
Blogger Beltenebros said...

Lamento llegar tan tarde a este interesante debate.

La tesis de que la literatura miente -y cuanto más y mejor, de más calidad es, aunque se disfrace de "realismo"- me convence plenamente, y no porque uno de sus propugnadores sea mi compatriota Mario Vargas Llosa, sino porque se condice con mi modesta experiencia lectora y con la de varios amigos que sí han leído lo suyo.

Esta señora, Maruja Torres, no ha escrito un texto de ficción, por ficticia que sea su formación científica. "La isla misteriosa" es un artículo de opinión, y cuando alguien emite una opinión sobre lo que sea, es justo esperar un mínimo de conocimientos sobre la materia. Los usos literarios del lenguaje en este caso no sirven -o no debieran servir- para mentir en el sentido vargasllosiano.

(La mentira literaria, por cierto y por si no estuviera claro, no tiene nada que ver con la mentira en el ámbito ético; la primera es deseable, la segunda reprobable.)

Pues bien, el primer párrafo del texto de la señora Torres intenta predisponer al lector en contra de los técnicos y científicos de la NASA, unos infantilones derrochadores por lo que parece.

A las críticas precisas de Luis Fernando acerca de la ignorancia científica de Torres y su hábil pero mentirosa (en sentido ético)criba proecologista y proarquitectónica, así como a la pesistencia del divorcio platónico-aristotélico entre el mundo sublunar y el supralunar, agregaría el último párrafo, que pinta de cuerpo entero la concepción del mundo de la señora Torres. Me permito citarlo completo:

«¿Qué me importa a mí el origen del universo, y mucho menos conocerlo mediante un prepotente impacto, cuando es capaz de mostrar su misterio con tanta sencillez, a la vuelta de un camino, en una noche de verano, en una isla todavía misteriosa?»

Aparte de la confusión entre el sistema solar y el universo, ya comentada por el autor del blog, creo indudable que la señora Torres es una amante del misterio per se. El cielo nocturno es casi una ontofanía pitagórica cuando se lo mira desde una isla o lugar igualmente "arcano". He experimentado el encanto de esas visiones desde otras geografías, pero sé que lo que alcanzo a ver no es ni la infinitésima parte de lo que me pierdo debido a nuestra ubicación en la galaxia y a las limitaciones de mis ojos.

No soy científico y más bien tiro para la literatura y la música (simple aficionado, eso sí), pero gracias a Zeus y a los libros adecuados he logrado hacerme también una idea de los maravillosos logros de la ciencia.

En el "universo" cavernario, inmediato y velado de la señora Torres, me temo que hay mucho espacio para quienes venden "influencias astrales" y "ritos purificadores" para salvarnos de la maligna ciencia occidental.

Este debate debió tener lugar en El País en su momento. En principio nadie es culpable de ignorancia, pero supongo que ni la señora Torres ni muchos de sus enterados lectores nacieron ayer.

Saludos.

lun. mar. 02, 05:51:00 a. m. CET  

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