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Botella al Mar

Una bitácora en español sobre diversos temas de actualidad y cultura. Una botella lanzada a la inmensidad de la Red.

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miércoles, septiembre 21, 2005

Un héroe olvidado

Ser hijo del exilio marca. Como dicen del bautizo, imprime carácter indeleble. A veces envidio a los que pueden decir, sin la menor duda, ésta es mi tierra. En aquel cementerio están mis tatarabuelos, y ahí reposaré yo. Yo no puedo. Estoy suspendido a mitad del Atlántico, oscilando siempre entre dos amores y dos nostalgias. En un sitio, a diez mil kilómetros de su Galicia natal y de los campos y ríos que sobrevolaba cuando era dichoso, está enterrado el abuelo aviador, el que luchó en la guerra... y la perdió. Eso también marca, ser hijo de derrotas. De derrotas dignas, claro está.

El abuelo hizo la ruta consabida: Barcelona, La Jonquera, Argelès-sur-Mer y su campo de concentración. Mientras, mi abuela y sus hijos encontraban refugio en el Orán francés, al lado de una hermana. Finalmente, la familia pudo reunirse en Orán, gracias a algún proviso de reagrupación familiar que permitió el gobierno de Vichy y a que, me dicen, mi tía abuela no cejó en su esfuerzo de reclamar a su cuñado. Fueron años de privaciones. Lo habían perdido todo, absolutamente todo. Apenas puedo imaginar su desesperanza.

Pero sin ellos saberlo, algunos héroes conspiraban para devolverles algo de lo que habían perdido. El primero de ellos se llamaba Lázaro Cárdenas y era Presidente del lejano México. Amigo insobornable de la República Española, durante la Guerra hizo todo lo que estuvo en su mano para ayudarla, tanto diplomática como militarmente, enviando armas, sin olvidar la acogida que brindó a algunos de esos niños de la guerra que dejaron su patria sin saber que era para siempre. La política exterior de México (con equis, si no es mucha molestia), país invadido y mutilado desde casi su nacimiento, se había caracterizado siempre por su nobleza e idealismo, pero en tiempos de Cárdenas esa política alcanzó cotas nunca imaginadas. Derrotados los republicanos, Cárdenas decidió que su misión era salvar a tantos como pudiera. Salvarlos de las garras de Franco, cuyo ministro de Exteriores, Serrano Suñer, ya exigía extradiciones a Vichy, ya le decía a Ribbentropp que los españoles exiliados eran apátridas y la Alemania nazi podía hacer con ellos lo que quisiera. Salvarlos también del propio Vichy y de los nazis.

Cárdenas hizo algo asombroso. Dispuso que México acogiera a todos los exiliados que lo solicitaran, sin ningún distingo, sin pedir contraprestación alguna, con los gastos de transporte a cargo del propio gobierno mexicano. Mientras daba las órdenes pertinentes, declaraba convencido: "No podemos aceptar que haya un hombre en el mundo que carezca de un lugar donde vivir”

Creo que es difícil encontrar en toda la historia un acto semejante de solidaridad, desinterés y nobleza. El Secretario (Ministro) de Exteriores encargado de esta magna operación se llamaba Isidro Fabela, otro nombre para recordar, otro hombre que los españoles deberíamos honrar por la entrega y abnegación de que hizo gala en aquella empresa. Pero en mi corazón hay un hombre que les supera, cuyo nombre no puedo conjurar sin que los ojos se me aneguen de lágrimas, y que desgraciadamente, que yo sepa, no tiene monumento ni calle dedicada en ninguna ciudad mexicana ni española.

Fue el hombre encargado de llevar a cabo la monumental operación: el embajador de México ante Vichy, Don Luis Rodríguez. Sería largo relatar todas las gestiones que Rodríguez tuvo que realizar, desde el esfuerzo de documentar a 100.000 exiliados (se dice pronto) sin contar más que con un pequeña oficina, cuatro diplomáticos a su cargo, y un Buick negro, hasta fletar barcos, conceder visados, negociar acuerdos, y en general ocuparse de la logística que representaba enviar a decenas de miles de personas a través del Atlántico con todos sus papeles en regla. Quien quiera enterarse de parte de esos esfuerzos, debería leer el artículo que Jordi Soler, exiliado como yo, escribió en El País Semanal y que me encuentro aquí.

Mi familia fue una de las beneficiadas por las febriles gestiones de Don Luis. Embarcaron en el vapor Nyasa con destino al puerto de Veracruz y a una nueva vida. Fueron recibidos, por cierto, en dicho puerto por una gran concentración sindicalista mexicana, entre cuyas pancartas se leía una que ponía: "El sindicato de tortilleras da la bienvenida a los republicanos españoles". Mi abuela lo contaba riéndose, recordando el rostro demudado que habían puesto sobre todo las señoras, mirándose unas a otras como diciendo: "Joer, qué adelantados están en este país..." En realidad, una tortillera en México es la que confecciona las tortitas de maíz, las tortillas, que son la base de la alimentación popular.

Por supuesto, Rodríguez no consiguió evacuar a los cien mil. Sabemos que algunos regresaron a España, y que esto les costó cárcel o algo peor. Otros encontraron asilo en Chile, gracias nada menos que a Pablo Neruda, o en Argentina, o en muchos otros países iberoamericanos. Otros fueron a parar a Mauthausen y la mayoría no volvió. Otros engrosaron --y engrosaron mucho-- las filas de la Resistencia y la Columna Leclerc, la primera que entró, pocos años después, a un París liberado. Y otros... otros murieron en Francia.

Entre ellos, por supuesto, Don Antonio Machado y Don Manuel Azaña. Cárdenas giró instrucciones específicas a Rodríguez para que protegiera a Azaña, una labor endiablada porque Serrano Suñer no cejaba en su intento obsesivo de extraditarlo a España. Azaña era por entonces un hombre enfermo y derrotado. Rodríguez, nos cuenta Soler, le visitó el 2 de julio de 1940, en la casa del doctor Cave, en Montauban.

Le dejo la palabra a Soler:

El presidente y su esposa habían tenido que escapar de la casa de Pyla-sur-Mer a bordo de una ambulancia perseguidos muy de cerca por los agentes de Franco. Azaña ya estaba desde entonces gravemente enfermo y habla mandado llamar al embajador para contarle de la fatiga y la angustia que le provocaban esas perse­cuciones. Rodríguez le prometió que trataría su caso con el ma­riscal Pétain y antes de despedirse, le entregó 2.000 francos que le enviaba el general Cárdenas y que Azaña aceptó a regañadientes y sólo a condición de que fueran considerados un préstamo que devolvería en cuanto pudiera.

Nos cuenta Soler a continuación el resultado de tal entrevista con un Pétain desdeñoso y altivo, que sin embargo prometió algo de colaboración extraoficial en la protección de Azaña.

Sigue Soler:

La Legación brincaba completa, con máquinas de escribir y maletas llenas de documen­tos, de Saint.Jean-de-Luz a Biarritz y de Montauban a Vichy y de ahí a Marsella, donde un grupo de agentes italianos sustituían las funciones de espionaje de los agentes de Franco, que ya empeza­ban a aparecer por todas partes con una profusión y una fre­cuencia alarmantes. La Gesta­po y el Gobierno de Vichy sos­pechaban que la Legación de Rodríguez utilizaba sus privile­gios diplomáticos para favore­cer a republicanos que estaban en las listas de españoles extra­ditables que enviaba semanal­mente Franco. Tampoco veían con buenos ojos la protección que el Gobierno de México le había ofrecido al presidente Azaña y sostenían, quizá para darle más consistencia al expe­diente, que el embajador sola­paba y alentaba actividades políticas comunistas. Tantas sospechas se tradujeron en una cauda de espías que iba jalando el Buick negro de Rodríguez por todo el sur de Francia.

El 22 de agosto, el embaja­dor consiguió que se firmara un acuerdo entre los Gobier­nos de México y de Francia para que los refugiados que se habían apuntado en el plan de evacuación de Cárdenas no pudieran ser extraditados a España. A principios de sep­tiembre, cuando la Legación itinerante ya había logrado instalarse en el hotel Midi de Montauban, las peticiones de extradición de Franco sumaban 3.617 nombres, y a éstos había que agregar las extradiciones espontánea5~ a partir de un rumor o un pitazo, que efectuaban por libre los agentes españoles o los de la Gestapo; estas últimas, por descontroladas e impredecible5~ tenían aterrorizadas a familias completas que optaban por vivir ocultas en sótanos o en bodegas. Rodríguez se dio cuenta pronto de que el acuerdo entre Francia y México no iba a respetarse, por una parte no se veía que redujera el acoso a los republicanos y por otra, la ayuda parca que Pétain había ofrecido en el caso de los Azaña, se había evaporado una semana después: un grupo de Falange había capturado a Cipriano Rivas Cherif, cuñado y cola­borador del presidente y lo había regresado a España con el áni­mo de juzgarlo y fusilarlo.

Rodríguez movía todas sus fichas diplomáticas, iba de oficina en oficina buscando aligerar la situación de los republicanos, y mientras tanto, con la idea de extender su margen de operación, había puesto a ondear la bandera mexicana en las habitaciones, 7, 9 y 11 del hotel Midi, y había declarado territorio mexicano los metros cuadrados que ocupaban. Esto le dio la oportunidad de asilar ahí mismo, en las habitaciones 7 y 9, a decenas de refugiados perseguidos.

El 15 de septiembre, Rodríguez rescató al presidente Azaña de las garras de los agentes de Franco y le dio asilo en la habitación número 9. Tenía la idea de trasladar al presi­dente a otra ciudad y eventualmente, si él accedía y su salud lo permitía, llevarlo en barco o en avión a México; pero antes de que pudiera hacerse nada, llegó, del prefecto de Montau­ban, la prohibición de mover a Azaña de donde estaba, y un poco después, su precaria salud terminó de inmovilizarlo y fue consumiéndolo hasta que murió, en el territorio mexica­no de su habitación, el 4 de noviembre.


Así pues, podemos decir que Azaña murió en territorio mexicano, amparado por el gobierno del General Cárdenas. Pero la protección no terminó con la muerte. Rodríguez tendría aún un gesto maravilloso con el malogrado Presidente de la Segunda República Española. Dejemos que Soler, que lo cuenta magistralmente, continúe el relato:

Al día siguiente, cuando el cortejo fúnebre se preparaba para salir, llegó nuevamente el prefecto de la ciudad a prohi­bir cualquier tipo de manifestación colectiva y a exigir que, en lugar de la bandera republicana que cubría el féretro de Azaña, se colocara el pabellón de Franco. Rodríguez se negó en redondo y, para evitar una confrontación que de ninguna forma hubiera podido ganar, le dijo: ‘Lo cubrirá con orgullo la bandera de México- Para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes, una doloro­sa lección”.

[...]

El embajador Rodríguez murió en México en 1973 y hasta entonces mantuvo contacto con la comunidad de refugiados españoles. El día de su entierro, un grupo de republicanos cerró el círculo que don Luis había abierto, 33 años antes, en el sepelio del presidente Azaña: agradecidos hasta el final con ese hombre, con ese embajador cuya aura diplomática los había protegido del peligro, devolvieron su cuerpo a la tierra envuelto en una bandera republicana.


Tengo una tricolor en casa. Y cada vez que la veo, me acuerdo del injustamente olvidado Don Luis Rodríguez, mexicano de gran corazón y amigo insobornable de la verdadera España. Algún día le haremos justicia.

P.D. Gracias, Jordi Soler, muchas gracias por esta maravillosa historia.

16 Comments:

Blogger Su said...

Me has conmovido.

Realmente, este tipo de héroes dejaron de producirse con la Segunda Guerra Mundial, que mató toda la inocencia que pudiera quedar en el ser humano...

mié. sept. 21, 09:48:00 p. m. CEST  
Blogger Elías Cañete said...

Afortunadamente no fue así, Su.

Entre otros muchos que arriesgaron su vida para ayudar a otros figuran:

Raoul Wallenberg, dimplomático sueco en la embajada de Budapest. Con pasaportes falsos consiguió salvar a más de 20.000 judíos. Cuando el ejército rojo tomó la ciudad fue detenido, supuestamente por espía. Se desconoce cuando y como murió.

Giorgio Perlasca, italiano que se hizo pasar por cónsul español en Budapest. Gracias a sus pasaportes españoles falsos miles de judíos de supuesto orígen sefardí se salvaron del holocausto.

Frank Foley, agente del MI6 que, bajo la cobertura de trabajador de la embajada británica en Berlín, logró salvar a miles de judíos, de nuevo falsificando pasaportes y enviándolos a Gran Bretaña o Palestina.

Aristides Sousa Mendes, cónsul portugués en Burdeos que logró salvar a cerca de 30.000 judíos (y algunos republicanos), a pesar de la colaboración de su propio gobierno con Alemania.

Todo el pueblo de Le Chambon-sur-Lignon, liderado por la familia Trocmé ocultó y protegió a miles de judíos durante toda la guerra, a pesar de que varios de los habitantes del pueblo fueron detenidos por la Gestapo y enviados a la muerte a Buchenwald.

jue. sept. 22, 09:56:00 a. m. CEST  
Blogger wilson said...

Algún día se debería contar a bombo y platillo la verdadera historia de los campos de concentración en Francia y el trato recibido en ellos.

La guerra en Andalucía fue un poco diferente. Supongo que algo tendrá que ver el nivel cultural y las relaciones sociales existentes. Aquí se sufrió una crueldad indescriptible por ambos bandos y la revancha posterior aún se comenta en voz baja.

Los republicanos salieron por el este, tras recorrer toda las costa en la famosa ESPANTÁ, perseguidos por el ejército nacional y acompañados por los bombardeos de barcos y aviones alemanes. Aún se encuentran fosas por esos caminos.

El horror, el horror.

vie. sept. 23, 12:08:00 a. m. CEST  
Anonymous Jota said...

Hola Escéptico, había leído la historia del embajador Luís Rodríguez en El País semanal, y me ha encantado recordarla en tu post. Igual que la primera vez que supe de la agonía de Azaña, muriendo en el "suelo mejicano" de una habitación de pensión, con los nazis y franquistas rondando como aves carroñeras, no pude contener las lágrimas de emoción. Hoy tampoco he podido.

Gracias por recordarnos esta historia, y ¿para cuándo pedir por suscripción popular una calle a Cárdenas, y una estatua al embajador Luís Rodríguez?

¿Alguien sabe cuál es el procedimiento?

Un fuerte abrazo

sáb. sept. 24, 12:14:00 p. m. CEST  
Anonymous Sárie said...

Sigo riendo a más no poder al leer la anécdota de la llegada al puerto y la "camparta". La he leido decenas de veces pero me sigue arrancando la carcajada.

Saludos para ti y para Su, querido mago.

lun. sept. 26, 07:39:00 p. m. CEST  
Blogger rotops said...

Gracias, Areán, por recordarnos este ejemplo para el mundo "civilizado" y para los que ahora niegan aquí el pan y la sal a los inmigrantes.

Lo que hizo Cárdenas -solidaridad plena personal e institucional- se produjo, además, fuera del marco en que se desarrolló la 2ª gran guerra. No tuvieron, pues, los mexicanos la posibilidad de verse influenciados por el sufrimiento de ver los horrores "in situ"; no fue el caso de todos esos magníficos seres humanos que cita elias cañete. Cárdenas actuó entonces por principios, sin más y nada menos.

Y México entero siguió en el tiempo el ejemplo de Cárdenas: fue uno de los pocos países -si no el único- que mantuvo sus convicciones hasta el final. No reanudó las relaciones diplomáticas con la España de Franco hasta que murió el dictador y se implantó de nuevo la democracia aquí.

La pena es que ésta no viniera con el envoltorio de la república, pero ése es otro tema y todo se andará.

vie. sept. 30, 08:33:00 a. m. CEST  
Blogger Wallenstein77 said...

Hola a todos:
En palabras del profesor Lacomba, la salida de la poblacion civil de Malaga y de los republicanos por la carretera a Almeria en 1937, fue un hecho comparable al bombardeo de Guernica, disparandose desde los barcos nacionales hacia la carretera de la costa llena de refugiados, pero que por desgracia, no hubo un Picasso para mostrarla. Wilson la guerra en Andalucia, quizas fue dura por las condiciones estructurales de la zona, ademas de por darse en los primeros meses de la guerra, donde Mola dio la orden de que se asesinase a todo aquel que fuera tibio con el alzamiento y donde en la zona republicana hubo un vacio de poder total (casi todos los asesinatos en zona republicana se dieron hasta mediados del 37 cuando se comenzo a consolidar un nuevo "estado" republicano) y donde se dieron numerosos ajustes de cuentas por parte de unos y de otros (condeno todo acto de violencia, la haga quien la haga)

Elias creo que Wallenberg murio en los años 50 0 60, cuando comprendieron que no era un espia pero era un testigo molesto de como actuaba el NKVD. Otro caso similar, costandole la carrera, fue el de un diplomatico español en los Balcanes, que concedio pasaportes españoles a judios sefardies, con la salvedad que en esa zona no habia ningun sefardie, aunque por desgracia ahora no recuerdo su nombre. El caso del consul portugues, conservador y catolico al igual que el del diplomatico español tiene algun articulo en La aventura de la Historia.

Saludos a todos.

vie. sept. 30, 02:02:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Rotops:

Un día tendríamos que ir a la estatua a Cárdenas que hay en la Complutense. Por cierto, no sé si lo he contado, pero yo estuve en el último acto oficial de la República Española en México... que adecuadamente se llevó a cabo frente al monumento a Cárdenas. Fue muy triste ver a aquellos hombres ancianos llorar el fin de un sueño que habían mantenido durante cuarenta años. La "realpolitik" se impuso, las Cortes republicanas votaron su disolución, y el Presidente en el exilio citó a Cervantes:

Aprieta, caballero, aprieta. Ya que me has quitado la honra, quítame también la vida.

Pero todo se andará, Rotops. Todo se andará.

sáb. oct. 01, 02:40:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Elías:

Bienvenido. ¿Algún parentesco con Canetti? ;-)

Estoy de acuerdo con los héroes existieron durante la guerra, pero creo que lo que Su se pregunta es si ese heroísmo sobrevivió a la propia guerra.

Wallenstein:

Curioso lo que dices, porque al fin y al cabo Picasso era malagueño y no vasco... Pero recordemos que a Gernika se la recuerda también por ser el primer bombardeo masivo de aviación a población civil. Inauguró una bárbara tradición que, como los aliados terminaron adoptándola, no califica como lo que debería ser: un crimen de guerra.

sáb. oct. 01, 02:46:00 p. m. CEST  
Blogger Su said...

La verdad, en la guerra hubo muchas ruindades que me entristecen y me ponen los pelos de punta...

sáb. oct. 01, 02:55:00 p. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Por cierto, Raoul Wallenberg es otro de esos grandes olvidados a los que hace años que admiro. Falta el Spielberg que cante sus alabanzas en celuloide, aunque supongo que tendrá su lugar en la alameda de los justos en Yad Vashem.

Esas personas son fundamentales. Cuando desesperamos, nos devuelven la fe en la especie humana.

Saríe querida:

¡Qué gusto! Con lo abandonados que os tengo desde que dedico mi tiempo de Internet a la política. ¿Cómo estáis todos? Tengo que volver... Me alegra que te gustara la anécdota, es un clásico familiar... :-D

Jota:

No sería mala idea hacer esa suscripción popular. En Barcelona hay una pequeña calle con el nombre de Cárdenas, y en la Complutense hay una estatua que, según me dicen (para mi vergüenza no he ido a verla), tiene las palabras que le prometió alguna vez Álvaro de Albornoz, a la sazón presidente de la República en el exilio, que figurarían en tal monumento, cuya existencia predijo:

"Extranjero, detente y descúbrete: este es el Presidente de México, Lázaro Cárdenas, el padre de los españoles sin patria y sin derechos, perseguidos por la tiranía y desheredados por el odio".

sáb. oct. 01, 03:10:00 p. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Tu familia en cual de los tres viajes del Nyasa llegó a Veracruz ?

Mi padre y abuelos llegaron en el tercero y busco historias de la travesía.

fernando.delaspenas@tetrapak.com

vie. ene. 13, 09:46:00 p. m. CET  
Blogger Salinas said...

Senor Fernandez Arean, soy un natural de Oran, nieto de emigrantes andaluces que se estabecieron en esta ciudad en el siglo XIX. Soy ahora catedratico de historia en Francia (Grenoble). Estoy haciendo investigaciones sobre la llegada de los refugiados republicanos a Oran en 1939.
He leido en su articulo de septiembre 2005 que su familia residio a Oran. Le agradecere mucho si puede decirme cuales fueron les condiciones de vida de su padre en la ciudad oranesa, cuantos meses se quedo ahi, adonde vivia (barrio?, calle?, )Tenia un trabajo? Cual fue la actitud de las autoridades coloniales francesas.
Un saludo cordial
Alfred Salinas-Algarra
2O allée des vosges
38130 Echirolles - Francia

mié. mar. 29, 10:15:00 a. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

http://botellamar.blogspot.com/

mar. may. 23, 02:42:00 a. m. CEST  
Anonymous Anónimo said...

Areán:
Creo que llegué ya muy tarde a este foro (por las fechas). Pero han tocado un tema que a mí me emociona mucho: "El Ministro Luis Ignacio Rodríguez". (Por cierto, el nombre de tu abuelo era Gumersindo Areán R.?)
Además que entiendo y comparto esta sensación que comentas de sentirte "dividido". Duro ésto que mencionas "hijo de derrotas", yo más bien lo vería desde otra perspectiva: "hijo privilegiado de un orgulloso luchador, valiente; un héroe de sí mismo". Pocas gentes tienen el honor de tener la herencia que tú tienes.
Por cierto hay 2 libros excelentes en relación al tema de México- España- guerra civil:
"Misión de Luis I. Rodríguez en Francia" (Segovia, Serrano)y "Las raíces del exilio- México ante la guerra civil española" (José Matesanz); ambos editados por El Colegio de México.
Otra pregunta: tu abuela salió hacia Orán el 28 de marzo???
Gracias. Gloria Castro

vie. oct. 02, 03:38:00 a. m. CEST  
Blogger Luis Fernando Areán said...

Gloria querida:

En efecto, mi abuelo fue Gumersindo Areán Rodríguez. Y me siento muy orgulloso de mi herencia, pierde cuidado. Soy, en efecto, hijo de un orgulloso luchador. Y a mi hijo le recuerdo (aunque ahora le interesa poco) que su bisabuelo fue un héroe y un buen hombre. Espero que dicha sensación siga en nuestra familia por un tiempo más. Que sepan mis hijos y mis nietos quién fue mi abuelo.

No sé en qué fecha salió mi abuela a Orán. Se lo preguntaré a mi padre. ¿Por qué lo preguntas? Si quieres escribirme en privado, luis_arean arroba hotmail punto com.

De nuevo, gracias por este emocionante comentario.

dom. oct. 04, 11:59:00 p. m. CEST  

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